GRUPO APOCALIPSIS URUGUAY

¿Conoces a Cristo?

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús,… (Romanos 8:1ª) “Estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo” (Filipenses 1:6)

El secreto de los cristianos primitivos
Ha sido con razón admirado el valor de los cristianos de los primeros siglos que, con heroísmo incomparable, daban sus vidas en los circos romanos, como un canto u oración a flor de labios. ¿Por que desafiaban con tal coraje el natural temor a la muerte? ¿Por qué rehusaban vivir, negándose a adorar a los ídolos del paganismo y preferían una muerte dolorosa y temible saludándola con muestras de regocijo? Cuando Justino

Mártir, antiguo filósofo pagano convertido a la fe cristiana, fue presentado ante el procónsul pagano Rufus, éste le pregunto: -¿Supones que si te enviara a los leones o mandara cortar tu cabeza irías a un lugar donde serías honrado o recompensado? –No lo supongo. Lo sé, y estoy absolutamente seguro de ello – fue la respuesta del noble mártir.
Evidencia histórica del Cristianismo
Esta firmeza de aquellos creyentes que vivieron más cerca de los orígenes del cristianismo y podían por lo tanto investigar desde el principio, como dice San Lucas. “Si estas cosas –las que se refieran a las enseñanzas y vida sobrenatural de Cristo- era así”, es una de las grandes pruebas sobre que descansa nuestra fe cristiana. Nadie está dispuesto a dar su vida en balde por el error si tiene posibilidades para cerciorarse de la verdad. El desprecio de la muerte por parte de los primitivos cristianos, constituye para nosotros, que vivimos más alejados de los orígenes de nuestra fe, una firma y segura esperanza de vida eterna.

Preciosa certeza
Tal firmeza es por otra parte una evidencia del carácter de su fe. Se ha discutido mucho entre los teólogos de las diversas ramas en que se hallan divididos hoy el cristianismo acerca de la seguridad de la salvación. ¿Puede una persona tener en vida la seguridad de que es salva?  La Sagrada Escritura afirma que si. Nuestro Señor Jesucristo dijo: “De cierto os digo: El que oye mi palabra y cree al que me ha enviado, tiene vida eterna y no vendrá a condenación, mas pasó de muerte a vida”. Juan 5:24 La salvación es una cosa segura, segurísima para cierta clase de personas aun hoy día, las cuales pueden afirmar como Justino Mártir que irán al cielo en el mismo momento de su muerte, y esto no por mérito propio, o porque hayan llegado a un grado de santidad absoluta, sino porque han puesto su confianza en la promesas de Cristo. Observamos que nuestro Señor no nos dice “tendrá” vida eterna si cumple de un modo perfecto todos los requisitos de la Ley Divina y los mandamientos de la Iglesia, cuando haya expiado todos sus pecados por medio de penitencias aquí o en las llamas del purgatorio, sino que declara enfáticamente “…el que cree…tiene vida eterna”. Es decir, actualmente como un precioso don o privilegio garantizado por su palabra.

Testimonio de San Juan
Esta verdad es ratificar por todos los apóstoles, según puede verse leyendo el Nuevo Testamento, y de un modo especial la declara aquel discípulo que vivió en más intimidad con Nuestro Salvador y con su santa madre, la bendita  Virgen María. Nos referimos al apóstol San Juan quien dice en su primera epístola:”Estas cosas os escribo a vosotros que creéis para que sepáis que tenéis Vida Eterna”. 1 Juan 5:13. Probablemente no todos los lectores a quienes iba dirigida la carta apostólica eran personas perfectas; habría entre ellos quienes lo eran más y quienes lo eran menos, y así es con los verdaderos cristianos hoy día. No hay dos personas que sean iguales en el mundo,; ni una sola existe que merezca el cielo por su méritos.  Pero la palabra de Dios  nos asegura que los méritos infinitos de Cristo  son aplicados a aquellos  que creen en Él y le reciben como su Salvador personal , cuando de corazón piden a Dios que perdone todo los pecados de su vida pasada y les ayude a ser de hecho y verdad. A los tales la deuda de sus ofensas a su Creador, tanto de comisión como si nunca hubiesen cometido pecado alguno. Los pecados llamados mortales, como lo que los hombres llaman veniales, son totalmente borrados ante la justicia divina por medio de este solemne acto que Jesucristo llama “Nuevo Nacimiento”. Así lo expresa el apóstol San Pedro al decir: “Arrepentíos y convertíos para que sean borrados nuestros pecados”. Hechos 3:19, y el apóstol San Juan nos declara que esto se efectúa, no con una clase de pecado, o quitando sólo una parte de la culpa, sino que afirma categóricamente: “La sangre de Jesucristo, su Hijo; nos limpia de todo pecado”. 1 Juan 1:7.

El temor a la muerte y la ignorancia religiosa
Lector ¿crees de tal modo en Jesucristo que puedes afirmar como los primitivos cristianos que tienes por El la vida eterna? o ¿te asusta todavía lo que puedes encontrar después de la muerte? Si te hallas en este último caso, es porque desconoces lo que enseña a este respecto la Palabra de Dios. Habrás oído que la Iglesia Católica está recomendando hoy día la lectura de las Sagradas escrituras. Adquiere, pues, un Nuevo Testamento y verás explicado por Cristo y sus apóstoles el secreto de la salvación del alma. En este sagrado libro encontrarás muchas sosas que te harás ser, si las crees, un cristiano muy diferente de la generalidad. Quizás algunas te extrañarán, porque las hallarás opuestas a lo que han venido creyendo toda tu vida como verdades religiosas

¿A quién hay que creer?
No olviden que para ser salvo por medio de la fe, como Dios nos promete, te conviene creer, no lo que los hombres dicen, sino lo que dice Dios. Te conviene luego ser consecuente  con esa fe basada en la Palabra de dios, demostrándola por tu conducta renovada, justa y sincera, aunque no puedas llegar a la perfecta santidad en esta vida. El evangelio te enseñará que, cuanto más perfecto seas alcanzarás mayor premio en la gloria, pero la entrada al cielo no es cosa que tu puedas ganarlas, sino que Cristo la adquirió por ti, a fin de que no tengas de que gloriarte, ni hayas de agradecerle a otro sino a Él. “Por gracias sois salvos, por la fe, y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obra para que nadie se glorie”. Efesios 2:8-9

La deuda pagada
Permíteme esta consoladora enseñanza del Evangelio por medio de una ilustración. Suponte que por reverses de fortunas, o por motivos de salud, has ido acumulando una deuda por valor de medio millón de pesos, la cual te es totalmente imposible pagar. Te aflige pensar que jamás en tu vida llegarás a saldar tal suma y temes las consecuencias que tu imposibilidad habrá de acarrearte. Pero un multimillonario compadecido de su situación, te extiende un cheque por esa cantidad. ¿No es verdad que quedarías tan profunda gratitud en tu corazón que estarías siempre dispuesto a mostrársela, por Navidad, en la fiesta onomástica de tu generoso benefactor, o en cualquier otra oportunidad? Pensarías con ello pagar o compensar el gran favor recibido? De ningún modo, sería hasta una ofensa pretenderlo. Los cristianos teníamos la terrible deuda de nuestros pecados, que el hijo de Dios pago por nosotros. Cuando le hemos aceptado como Salvador y vivimos en comunión espiritual con Él, debemos realizar tantas buenas obras como podamos, pero no para ganar la salvación, o merecer la entrada en el Cielo; sino porque sin merecerlo, Cristo nos salvo, y continúa sosteniéndonos en su gracias.

Un Salvador actual

Jesucristo es un Salvador vivo y eficaz, a quien puedes dirigirte ahora mismo para obtener esta seguridad que los cristianos primitivos poseían. En la carta de Hebreos, que tenemos en el Nuevo Testamento, dice: “Por cuanto tiene un sacerdocio inmutable, por lo tanto puede salvar eternamente a los que por Él se allegan a Dios; viviendo siempre para interceder por ellos”. Hebreos 7:24. Y el mismo declara: “Al que a mi viene, no le echo Fuera”. (Evangelio de San Juan 6:37). ¡No vale la pena informarte de estas cosas que tienen que ver tan de cerca con tu felicidad eterna? La muerte puede sorprenderte en cualquier momento. Busca la salvación antes de que sea demasiado tarde.       

Samuel Vila

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“Y les dijo: Id por todo el mundo; predicad el evangelio á toda criatura. 

El que creyere y fuere bautizado, será salvo; mas el que no creyere, será condenado” Mateo 16:15-16.

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